“Las experiencias son más propensas a hacer felices a las personas

A lo largo de la vida siempre se ha dicho que vivimos en una sociedad de consumo y que estamos todo el rato atentos a qué nuevo producto sale al mercado para poder comprarlo. Sin embargo, en algunas ocasiones las experiencias que marcan la vida de las personas son las que llevan a los individuos a tomar las decisiones de comprar uno u otro producto.

Aunque pueda parecer un tanto enrevesado, es muy sencillo de entender. Puedes ahorrar mucho dinero durante mucho tiempo para comprarte un producto especial o puedes ahorrar mucho dinero durante mucho tiempo para viajar a un destino soñado. Las preguntas que surgen de esto son ¿La emoción y la felicidad para ambos sucesos son iguales? ¿O varían con el paso del tiempo?

Es innegable el hecho de que las experiencias perduran, permanecen intactas, marcan nuestra vida y nos acompañan siempre en nuestros momentos más álgidos y también en los más grises. Mientras tanto, las compras de productos son emocionantes al principio, pero con el paso del tiempo se devalúan, se vuelven rutinarias y se acaban desvaneciendo.

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Las experiencias son más propensas a hacer felices a las personas porque es mucho más complicado el hecho de poder medir el valor de una experiencia si lo comparamos con otra, frente a medir el precio o importancia de un producto si lo comparamos con otro. Incluso si se dieran en nuestra vida experiencias malas como el hecho de perdernos en un lugar extraño o ir a la playa y que, de repente, caiga una tromba de agua; estas experiencias podrían convertirse en recuerdos anecdóticos que recordaríamos con un cariño especial, cosa que obviamente no ocurriría si tuviéramos una mala experiencia con un producto.

Los negocios consiguen mantener el interés hacia sus productos,
porque hacen que estos lleven experiencias implícitas

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Por lo tanto, si la emoción material es fugaz, breve, momentánea, perecedera… ¿cómo los negocios consiguen mantener el interés de las masas hacia la compra de productos?

Desde hace un tiempo, los productos que venden la mayoría de las grandes empresas llevan implícitos una experiencia con ellos. No se trata de comprar un coche, se trata de la experiencia y la sensación que puedes lograr mediante la conducción de ese coche; no se trata de comprar un iPhone, se trata de todas las cosas que este te permite hacer y de cómo te posiciona socialmente.

Todos los negocios deberían de comenzar a valorar el hecho de que un producto no vende solo por sus características, sino por la historia que lleva consigo, por lo que te aporta y te puede hacer llegar a sentir.